
El negro tomó asiento a mi lado. Los otros dos, detrás. Parecían concentrados, preocupados y sin embargo orgullosos de algo que no alcanzaba a entender.
El del pelo cano sacó una Blackberry de su bolsillo y comenzó a leer en voz alta, uno a uno, sus últimos mails:
- Anulado el pedido de Mario J. M. Suspendió las matemáticas y no ha estudiado nada estas Navidades.
- ¡Será gilipollas! - soltó el rubio.
- ¿Qué había pedido? - preguntó el negro.
- Una PS3.
- ¿Y si le mandamos una Nintendo con el Brain Training, para que se joda? - volvió el rubio.
Se miraron los tres:
- ¡Hecho!
- ¿Y qué pasa con ese pato de goma Made in Hong Kong que nos pidió George W. Bush? - preguntó el del pelo cano.
- No recuerdo esa carta.
- Yo, tampoco.
- O sea, que nos hacemos los locos, ¿no?
- Psí - dijo el negro.
Al alcanzar su destino (delegación de Hacienda, calle Guzmán 'El Bueno') el del pelo cano guardó su Blackberry y me tendió un billete de 10€ arrugado.
Al devolverle el cambio me dijo:
- ¡Yo a ti te conozco! Ayer te vi en 'Vidas Anónimas', de La SEXTA. Tú eras el que trabajaba en un Sex Shop, ¿no?
- Eh... sí - contesté.
- Espero que te traigamos, digo... que te traigan muchas cosas los... Reyes - dijo el negro.
- Gracias. Igualmen... ¿?
- ¡Salud y República! - me soltó el rubio, ya en la calle, justo antes de recibir una colleja de los otros dos:
- ¡Gaspar! - le increparon al unísono.
Luego entraron en Hacienda y ahí quedó todo. Majetes, los tíos.
Extraido de Ni libre ni ocupado.


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